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sábado, 30 de enero de 2016

PASAI DONIBANE

En el País Vasco, en la provincia de San Sebastián, muy cerca de la capital, se encuentra uno de los pueblos más encantadores de la Península. Es una suerte que además allí resida familia a la que adoro, visitarlos siempre es un placer. Gracias a ellos he conocido este maravilloso lugar. Tere y Ricardo: va por vosotros.
Este pueblo posee una calle principal que sirve de unión entre la bahía y el monte
 Mientras paseas por su arteria, las aceras adoquinadas, los arcos de piedra y las casas tradicionales te teletransportan a otra época, quizás a  otro siglo, sólo hay que dejar volar la imaginación.
No me extraña que Víctor Hugo hiciera de este mágico lugar su residencia por un tiempo. Lo visualizo asomándose a la bahía y contemplando el atardecer, una fuente de inspiración sin duda. Puede visitarse la casa donde habitó, es un museo perenne.







También puedes acceder  a la parroquia de San Juan y escuchar los misterios que se esconden en ella, lo que más impresiona la historia de Santa Faustina


La calle principal desemboca en la plaza de Santiago, con casas típicas del lugar de diferentes colores. Lo mejor tomarse un vino con los lugareños y contemplar la bahía. ¡Cómo me gusta este sitio!


Puedes coger una barquita que te lleve al pueblo de enfrente o darte una vuelta en un barco pesquero para contemplar la belleza de su paisaje. Gracias a Ricardo pudimos optar por la segunda opción, que experiencia más inolvidable.


 Las vistas que se tienen desde la bahía son muy estimulantes. Los sentidos se despiertan y agudizan: vista, oído, olfato... Una mezcla de sensaciones muy placenteras.


Durante el trayecto el tiempo comenzó a empeorar, no salimos a   alta mar porque había aviso de temporal. Las olas nos columpiaban arriba y abajo. Ricardo y yo salimos a cubierta y fue como ir en una montaña rusa. Aún recuerdo el cosquilleo en el estómago. Toda una aventura.


Nos dimos la vuelta y el mar empezó a calmarse.


Más tranquilas, inmortalizamos el momento. Como suelo decir: con amigos siempre es todo mejor.


El señor que llevaba la embarcación era muy amable, me dejó al mando unos instantes.


Ya en tierra pude contemplar unos paisajes que hablan por sí solos.


No soy precisamente una buena fotógrafa, si lo fuese hubiera sacado más partido al placer que estaba experimentando al contemplar ese remanso de paz.


Hay un camino entre el monte y el mar que lleva a una cantina. Recorrerlo es precioso. Además cuando lo terminas la recompensa son unas sardinas del Cantábrico. Hay que probarlo


Empieza atravesando este hermoso arco, sigue el camino y verás de lo que estoy hablando.


No digo nada que no se sepa cuando afirmo que en el País Vasco se come muy pero que muy bien y este pueblo no es una excepción.


Paisaje, cultura, gastronomía y buena gente es lo mínimo que vas a experimentar si visitas este encantador pueblo. Me he quedado con las ganas de subir a la Ermita de Santa Ana, pero así lo haré en la próxima ocasión, que espero no sea muy tarde.
Tere y Ricardo, hacedme un hueco que pienso volver a veros. Gracias por vuestra enorme hospitalidad. Os quiero.


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martes, 26 de enero de 2016

MELILLA: CIUDAD DE LAS CUATRO CULTURAS

Hoy voy a hacer un homenaje a una ciudad desconocida por muchos y que bien merece una visita.
En el norte del continente africano se encuentra esta magnífica ciudad, rodeada de mar y de historia.
El patrimonio arquitectónico de Melilla está considerado como uno de los mejores ejemplos de estilo modernista después de Barcelona.



Este estilo llegó a Melilla de la mano de Enrique Nieto, discípulo de Gaudí, que le dio un aspecto señorial al centro de la ciudad.


Uno de los enclaves por donde más me gusta pasear cuando la visito es por " Melilla la vieja": un conjunto fortificado y dividido en cuatro secciones amuralladas comunicadas por una gran puerta.


 A pesar de la belleza que desprende este lugar y de que su acceso sea gratuito, no suele estar muy concurrido. En cada rincón de esta fortificación hay museos, videos y recreaciones que cuentan las aventuras y batallas que allí se libraron. Es un recorrido precioso y siempre coronado por el mar Mediterráneo. Además cada hora se ofrece una visita guiada -e igualmente gratuita- para mostrarte los pasadizos escondidos.... Muy recomendable.


Al final del paseo desciendes a esta playa, donde el faro vigilante y protector no deja de trabajar ni un sólo instante.




Posee varios parques, pero el que más me gusta es el parque Lovera. Coqueto y con una personalidad que no se deja transformar a pesar del paso de los años. La calma se apodera de él y te contagia cuando te adentras en sus dominios.



Hay mucho que ver aún, pero después de tanto pasear me está entrando hambre. ¡Qué suerte estar en esta ciudad! El pescado de Melilla no tiene descripción. Fresco y sabroso.


 Además lo sirven como tapa y gratis. Más barato que en la península. Una bebida, una tapa. Los salmonetes fritos o a la plancha están para chuparse los dedos. mmmmm. 
Hay muchos lugares  de bastante calidad donde tapear. En "Casa Juanito" saboreé las mejores coquinas (casi como las que recordaba cuando era pequeña). Sabores auténticos, cocinados a fuego lento. No hay que fijarse en el decorado sino en lo que ofrecen. Lo huelo desde aquí....


En la sobremesa hay que probar el té moruno. ¡Cómo me gusta! 


¿ Qué tal un baño en la playa después de comer?



Hay muchas playas donde puedes descansar y disfrutar del mar. Y si quieres algo más salvaje puedes cruzar la frontera... las hay para todos los gustos.


A pesar de que esta ciudad habla por sí sola (su historia, gastronomía y naturaleza) con lo que me quedo, y por lo que más me gusta venir, es por su gente. Cuatro culturas conviven en paz, y eso se nota en el ambiente. Su fusión multicultural  enriquece a cualquier persona que la visita. 
A un lado el mar y al otro la montaña. El monte Gururú.


Merece la pena coger el barco que sale de Motril rumbo a Melilla y pasar un fin de semana en este mágico lugar, o el avión desde Granada, Madrid, Almería o Málaga.  Esta ciudad te envuelve en otro mundo que podría considerarse mágico. Cuatro culturas: sí, cuatro, sin necesidad de recorrer medio mundo. 
Gracias Melilla por todo lo que me has dado


Deseo volver a verte...

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viernes, 22 de enero de 2016

CIUDAD de ANTIGUA Y VOLCÁN PACAYA: GUATEMALA

En el corazón de centroamérica se encuentra una de las ciudades coloniales más bellas de las que he podido disfrutar hasta el momento. Es patrimonio de la humanidad por la Unesco desde 1965. Sus calles, su historia y su gente bien merecen una visita prolongada. El país al que pertenece es rico en cultura y naturaleza, lo que para mí es la perfección.
La ciudad está formada por un conjunto de calles perfectamente alineadas y custodiadas por casas bajas coloniales que poseen un resplandor  de antaño. Utilizan cuadras para orientarse. Aquí el tiempo se detiene.


 La ciudad está coronada por un arco (el arco del antiguo convento) que nos servía de referencia para ubicarnos. La mayoría de las calles tenían la misma longitud y anchura. A veces nos perdíamos, pero siempre era un placer, ya que cada rincón nos fascinaba.

La Plaza mayor es la más concurrida de la ciudad. Nos gustaba mucho sentarnos en uno de sus bancos y observar la vida desde allí. Niños correteando, vendedores ambulantes, charlas pausadas entre los lugareños... Aún recuerdo la sensación. Me teletransportaría si pudiera...

Lo que más añoro de este país es el color. Explosiones de combinaciones infinitas.
En la iglesia del Carmen, que está en ruinas, se suele ubicar un mercadillo. Fué la primera vez que tuve contacto con los colores de este país en todo su apogeo. 





Esta ciudad tiene un gran  patrimonio cultural. Muchas iglesias y conventos forman parte de su historia, algunas restauradas y otras en ruinas debido a dos grandes terremotos que han asolado esta parte del mundo. A resaltar la Iglesia de Santo Domingo 

En este lugar, debido a las fechas que en las que nos encontrábamos (unos días antes de Semana Santa), se ubicaba un manto en el suelo elaborado de pétalos de flores. La Semana Santa es su celebración más festejada
Estar tan lejos de tu casa y ver que en la otra parte del mundo también hay pasos de procesión parecidos a los de España me dejó muy sorprendida. Nos dejaron visitar el sitio donde los tenían guardados.




Recorrimos varios talleres de artesanía donde el jade es la piedra que  más se  trabaja y las hay de diferentes colores: lila, amarillo, rosa, blanco y negro. El más común el verde.

Esta ciudad está rodeada por tres volcanes: Agua, Fuego y Acatenango. El paisaje lo engrandece más si cabe.
Nosotros quisimos visitar uno de ellos. Elegimos el volcán Pacaya que está a unos 25 km de la ciudad y está activo.
El día que teníamos organizada la visita  me levanté con fiebre, estaba enferma y no podía permitir que mi compañero se perdiera esta experiencia. Así que me fuí hasta las faldas del volcán con él, tenía intención de quedarme con los lugareños (si me quedaba en el hotel él no iría). Cuando llegamos al volcán nos dimos cuenta que se podían alquilar unos caballos por menos de diez euros para afrontar la subida. No me lo pensé, al caballo que me fui directa. Había que llegar a la cima.

Aún recuerdo unas flores muy extrañas por el camino. La tierra iba poco a poco cambiando de color. De marrón a calcinada. 
Nos acompañó un señor de ochenta y siete años que aparentaba setenta como mucho. ¡Qué vitalidad y energía!  Se alimentaba de lo que la montaña le ofrecía y subía a la cima varias veces al día. Nos impactó.
Ya en la cima tenía que sentir como la tierra ardía. Me bajé del caballo y caminé entre la lava ,que parecía apagada aunque aún bastante caliente.

 El señor llevaba un trozo de pollo fresco sin hacer. Sujetándolo con un palo lo apoyó en la lava. En menos de un minuto salió un pinchito de pollo a la plancha. Sólo por apoyarlo un poco.

Al poco tiempo noté que mis pies estaban un poco calientes. Levanté la suela y vi que la goma estaba derretida. ¡Venga ya, sólo llevaba allí cinco minutos! 


 Me volví descalza, aunque tampoco me importaba. La experiencia había valido la pena.
De regreso a Antigua disfrutamos de su instrumento nacional: La marimba.
También saboreamos sus Tamales ( que es una masa de maiz rellena de pasas, pollo, chile, verduras y salsa).Exquisito.

Y sus Chuchitos que son parecidos pero también incorporan queso. Típico de Guatemala.


Dejamos Antigua y seguimos inspeccionando el país. Queríamos adentrarnos más en su cultura Maya. Pero esto os lo cuento más adelante. Espero que os haya gustado y os apetezca saber más de este fantástico lugar.

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