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domingo, 23 de octubre de 2016

UN DÍA EN ESTRASBURGO

Estrasburgo es la capital de la impresionante región de la Alsacia. Forma una perfecta fusión entre Francia y Alemania; se encuentra casi en la frontera de los dos países. Es una ciudad cosmopolita, con mucha historia pero sosteniéndose de pie en el presente. Coqueta, sublime, magistral y llena de rincones casi mágicos. Todo un descubrimiento, ya que aparte de albergar el Parlamento Europeo recoge un gran patrimonio artístico y cultural. Esta es mi experiencia...



Lo primero que fuimos a descubrir fué su majestuosa catedral, de estilo gótico tardío, la cual se puede divisar desde varios rincones de la ciudad.



La entrada es gratuita y bien merece la pena una visita. Lo que más llama la atención es su "reloj astronómico"famoso por la procesión de los doce apóstoles cuando suenan las doce del mediodía. Todo un espectáculo de la ingeniería mecánica. En el reloj se admiran las fases de la luna y las posiciones de los planetas. 


Mencionar también su órgano que parece sostenido entre columnas.


Si disponéis de tiempo subid al campanario. Las vistas son más que recomendables.




 Si tenéis un poco de vértigo debéis tener en cuenta que a veces hay espacios abiertos que pueden no ser muy acertados. La escalera es de caracol con grandes ventanales al exterior en algunos tramos.


La "Petite France" fue nuestro siguiente destino. Es el barrio mejor conservado de Estrasburgo, antiguamente fue un barrio de pescadores. Guau ¡Qué casas! del S. XVI y XVII, talladas en madera, rodeadas de canales y decoradas con todo tipo de flores. Es como estar en un cuento.




Multitud de estructuras construídas como si de un dibujo se tratara. Lo recorrimos tres veces por lo mucho que nos gustó.


Este barrio desemboca en los "Ponts Couverts" (los puentes cubiertos), puentes que hoy en día no están tapados; los tejados desaparecieron en el S.XVIII, pero conservan el nombre, custodiados por cuatro torres.


Siguiendo el paseo desembocamos en el "Barrage Vauban" (la Gran  Exclusa). Hay una terraza transitable con hermosas vistas.


 Recuerdo nuestras caras como de niñas viendo tanta belleza, pero lo mejor estaba por llegar.


Gracias a un encuentro casual y divertido en la catedral- me refiero a estar fuera de tu casa donde crees que no te conoce nadie y que mi compi de viaje se pare efusivamente al ver a una cara conocida-pudimos disfrutar de un paseo por el Barrio Alemán narrado por toda una experta. Una antigua amiga que por arte de magia era guía turística de Estrasburgo. Cosas del destino. 
¡Vaya lujazo!
Nos contó historias increíbles sobre aquel barrio que contrastaba notablemente con las casitas de hadas que habíamos visitado.




Vale la pena descubrirlo y ver las notables diferencias. Gracias por tan bonita experiencia. 
Nuestra nueva compañera nos comentó que en verano al anochecer se utiliza la fachada de la Catedral como espectáculo visual y musical y fuimos a disfrutarlo.


¡Qué experiencia más positiva! Subidón de adrenalina para terminar nuestra visita.
Hay muchos rincones y museos por descubrir en esta ciudad. Plazas con encanto,

edificios impresionantes,






flores y más flores...


Un dia muy bien aprovechado. Tengo que volver a esta parte del mundo pero en Navidad... y si puede ser en tan buena compañía.


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domingo, 2 de octubre de 2016

EXCURSIÓN A SIENA, SAN GIMIGNANO Y CHIANTI

Hoy nos hemos levantado temprano, estamos en Florencia. Las campanas de la iglesia nos han anunciado que son las siete de la mañana y que tenemos que estar listas en breve. 
Cámara de foto en mano y con muchas ganas de descubrir nuevos rincones de la Toscana nos dirigimos al autobús que va a ser nuestro compañero durante toda la jornada.







Los paisajes que deslumbramos mientras llegamos a nuestro primer destino nos van despertando poco a poco del cansancio acumulado de estos días, pero ya dormiremos en casa...
Pasados 40 minutos el autobús se para y estamos en Monteriggioni, pueblecito medieval situado a 55 km de Florencia y a 25 de Siena. Perfectamente conservado y protegido por su gran muralla.




Con apenas cincuenta casas te teletransporta a otra época. 
Nos dejaron recorrer sus calles empedradas y su gran plaza mayor con su pequeña iglesia románica. Se ve rápidamente.










 La siguiente parada fue en Siena. A esa hora de la mañana ya estàbamos lo suficientemente animadas para disfrutar de esta magnífica ciudad. La excursión incluía un guía que nos mostraría 
los lugares más emblemáticos. 
La Piazza del Campo, considerada la más grande y bella de estilo medieval. Famosa por la celebración, dos veces al año, de carreras de caballos 






No es posible de describir la belleza que contemplamos nada más entrar en la catedral de Siena. Habíamos leído sobre ella, veníamos de Florencia y de su deslumbrante atractivo y pensábamos que no podía sorprendernos ya nada. Nos equivocamos. Esta catedral nos cautivo en todos los sentidos.








Por suerte en verano el suelo de la catedral está abierto al público por lo que puedes contemplarlo en su totalidad. No os lo perdáis, es verdaderamente una obra de arte. 

 


 Me llamaron mucho la atención sus farolas de diseño, sus plazas y comercios insertados en un decorado medieval propio de otra época. 











Pero vayámonos ahora a San Gimignano, el pueblo conocido por sus innumerables Torres y sus fantásticos helados, catalogados como los mejores del mundo. 





Es el que más nos gustó de todos, no sabríamos decir si por su plaza, su ambiente, sus helados o por todo en general. Nos dejó un sabor de boca gustoso y apetecible...nos hubiésemos quedado aquí más tiempo, pero solo nos daban un par de horas para recrearnos.
Lo primero que hicimos fue probar sus reconocidos helados...sin palabras...el de mango y pistacho inmejorables.





Después inspeccionamos el terreno y a cada paso que dábamos más nos enamoraba.



















Tengo que volver a este lugar, quedarme más tiempo y sacarle todo su jugo.
 Dos horas no nos han bastado. 
Lo meto en la hucha de los deseos.

Para finalizar la excursión nos llevaron por los viñedos de Chianti y sus paisajes kilométricos de uvas y olores. Por fin descendimos del 
bus y nos sentamos en una hacienda en medio de la campiña . Vamos a comer y a beber de su gastronomía.








Nos ofrecieron varios vinos, nos enseñaron como degustarlos y los 
acompañamos con aceite virgen del lugar y embutidos de la zona. No estuvimos en ningún momento intimidados a comprar nada, al contrario, pasamo un  rato muy agradable. Incluso mi compañera de viaje se arrancó por unos cantes al enterarse del cincuenta aniversario de una pareja cercana a nosotras. Un momento para recordar. 
Al día siguiente de camino al aeropuerto hicimos una parada breve en Pisa para no quedarnos sin ver su famosa torre inclinada,
Envuelta en un conjunto monumental impresionante.





Ciao bella Italia! Gracias por los momentos que hemos vivido contigo. Hasta la próxima.

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