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jueves, 5 de noviembre de 2015

De Marrakesh al Desierto del Sahara

Este recorrido lo realizamos hace ya dos Navidades y es uno de los viajes más impactantes que he vivido hasta ahora. Hay que estar preparado para viajar a Marruecos, tanto para lo bueno como para lo malo y abrir la mente y el corazón. Cogimos un vuelo Sevilla Marrakesh ida y vuelta muy económico, alrededor de 40 euros.




Llegamos justo en Nochevieja. La única estancia que teníamos prevista era la primera noche ya que todo lo demás lo hicimos por libre. Alquilamos un coche, una maleta de mano con lo indispensable y a comenzar la aventura. Para que los problemas estomacales no te amarguen el viaje es indispensable seguir algunos consejos básicos:
 -Siempre beber agua de botella. 
-Tener cuidado en la ducha de no tragar agua. 
-Cepillarse los dientes con agua embotellada o como mínimo el último enjuague. 
-En lo posible no consumir alimentos crudos, verduras y frutas, aunque si vais a hoteles o Riads preparados no suele haber problema. 
-Respetar la cultura del país.
El primer día lo pasamos en Marrakesh, recorriendo su medina, sus calles y observando todo lo que ocurre a nuestro alrededor  sobre todo en la plaza Jamaa el Fna. En esta plaza te encuentras de todo, encantadores de serpientes, comerciantes, restaurantes, señoras que te hacen dibujos en la piel con henna, cuentacuentos, juegos, aguadores con su típica vestimenta

e incluso vi un puesto de dientes y muelas de humanos. Los lugareños se los probaban  a ver si les servían. Tuve que mirarlo varias veces para creérmelo.



Por la noche todo cambia, muchos de los comerciantes abandona el lugar y otros los sustituyen. Sobre todo puestos para comer que no están nada mal. Unos amigos que ese día nos acompañaban alquilaron una moto para recorrer las calles de la Medina. Fue muy divertido. 
Al día siguiente recogimos el coche de alquiler y nos dirigimos a las cascadas de Ouzoud, situadas a unos 170 km de Marrakesh. Hay que recordar que las distancias no son tanto en kilómetros como en el estado de la carretera, por lo que el tiempo a veces puede duplicarse. 
Al llegar allí fue una gran sorpresa. Rodeada de tierra de color rojo que nos acompañó casi todo el viaje, emergía una cascada espectacular coronada por un arco iris que según nos informaron parecía ser permanente

Es un paraje que aunque tiene puestos de artesanía en la parte baja no está muy colonizado, es prácticamente virgen.

Decidimos inspeccionar el terreno y observar esa maravilla de la naturaleza desde otras perspectivas y lo que nos encontramos por el camino no tuvo desperdicio
Primero una familia de monos salvajes aunque creo que acostumbrados un poco a los humanos, podías alimentarlos sin violentarlos

Puentes inesperados...


Personas que iban apareciendo para explicarnos un poco  a dónde ir. La verdad es que era difícil que nos dejaran solos.  Ofrecían acompañarnos a cambio de una propina y en vista que diciendo amablemente que no lo necesitábamos igualmente nos seguían pues casi te veías obligado a aceptar, aunque la compañía fue bastante cordial y amable.


Esa noche dormimos allí. En todos los sitios intentábamos negociar el precio ya que forma parte de su cultura. Cenamos en una especie de cabaña de lona donde varios habitantes estaban divirtiéndose cantando, en medio de la nada, de hecho estábamos solos, pero la comida estaba exquisita. Un cous cous con pollo, almendras, pasas y verduras riquísimo.

Nos despedimos de las cascadas al amanecer y seguimos nuestro viaje rumbo al desierto, pero antes otra parada técnica para visitar Imi-n-Ifri, a seis kilómetros de Demnate, donde se encuentra un puente natural poco visitado que une una garganta.

Un lugareño muy educado llamado Charaff (no sé si se escribirá así) nos la enseñó, un gran tipo.

Nos dijo que la gruta dibujaba el mapa de África y mejor lo veis para opinar

A mí así me lo pareció también.



Seguimos el viaje, ahora adentrándonos en el Atlas. Por el camino vimos escenas como esta.

 Las carreteras no son malas, aunque hay que tener precaución, la distancia en kilómetros no es tanta como las horas que se necesitan para atravesar la montaña.


Llegada la noche buscamos un sitio donde resguardarnos y fuimos a dar a un pueblo llamado Skoura que habíamos leído en la guía que tenía un gran palmeral. Nos costó la cena, desayudo y dormir 35 euros, nada de lujos pero lo suficiente para descansar. El dueño nos preparó una cena y estuvo con nosotros todo el rato, ellos lo llaman hospitalidad bereber. Nos dio apuro dejar nada en el plato a pesar que estaba muy muy picante.
Al amanecer fuimos a ver el palmeral por nuestra cuenta, aunque el dueño del establecimiento quería llevarnos por una propina, fue muy difícil que nos dejara solos.

Había Kasbas impresionantes y nos adentramos en una de ellas para verla, nos tomamos un té mientras disfrutamos por un ratito de un sitio paradisiaco
De nuevo a la carretera y ahora sí nuestro destino era el desierto.
Las carreteras mejor  verlas que describirlas, sin palabras. Al atardecer llegamos a Merzouga y después de negociar una habitación en una de las Kasbas que allí se encontraban fuimos a pie a divertirnos con las montañas de arena que se encontraban en frente nuestra, nos volvimos niños de nuevo más de dos horas saltando por las laderas, escalando los montículos... lo mejor del viaje.
Una experiencia que volvería a repetir. Los colores de la arena según le iban dando los rayos del sol pasaban por diferentes gamas a cuáles más espectaculares. Volvimos ya de noche a la Kasba y como no había mucha gente nos dieron la habitación única que había en el tejado, la mejor de todo el viaje con cena y desayuno incluído. Los bereberes del hotel me impresionaron mucho, hablaban varios idiomas, muy cultos, su compañía fue muy gratificante. Nos llenaron de historias del desierto. El lugar era propicio para que todos los que nos alojábamos allí esa noche nos conociéramos ya que la cena era en la misma mesa, después se propusieron juegos para todos, también tenían libros que podías usar. Vamos un oasis en medio del desierto. Y ese cielo que la cámara no podía captar tal y como yo lo veía. Las estrellas del desierto no tienen igual.
Quisimos también ver el amanecer, por lo que contratamos una excursión en camello, hay que abrigarse mucho si vais en invierno, no había pasado más frío en todo mi vida, los dedos de las manos los tenía prácticamente paralizados pero todo mereció muchísimo la pena.
Por desgracia había que regresar a Marrakesh, esta vez cogimos otra ruta de vuelta hasta Huarzazate y  nos detuvimos en varios palmerales.
Antes de enseñároslo sugeriros que llevéis durante todo el viaje bolígrafos, caramelos, pelotas, ropa ( yo lo dejé todo allí).. Los niños no disponen de esas cosas y te dan más ellos a ti que tú a ellos.
Estas señales eran reales y además puestas en sitios que aparecían



Nos encontramos a un lugareño haciendo autostop de camino al palmeral que queríamos visitar, lo subimos al coche y él nos lo enseñó, 
Nos ilustró diciendo que allí se había rodado la película Astérix y Obelix .
Nos contó como se abastecían y como trabajaban todos a una.
Hubo paradas que tuvimos que hacer por el camino para contemplar bellezas como esta
Pasamos nuestra última noche de nuevo en Marrakesh, en la plaza del primer día pero con la sensación de haber realizado uno de los viajes más enriquecedores hasta el momento

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2 comentarios:

  1. Mi querida Ana, ya me habia mandado el enlace de este blog otra amiga mia, pero na sabia q eras tú la q cuenta sus hazañas, así q si me gustó cuando lo vi por primera vez, ahira sabiendo q estás ahí mucho más si cabe. A seguir viajando y haciéndonos participe de tus aventuras. Salud y suerte.

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    1. Muchísimas gracias Pepi! Así da gusto!! más ganas tengo de seguir!! No sabes la alegría que me da saber que puede gustar o ayudar a alguien!! Eres un cielo!!! Miles de gracias de nuevo!!!

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